Se qué és trist, però de vegades, la vida és trista:
Sonó Lucía para despedirte, porqué en ella te veía el que más te quiso, todos los que junto a él estuvieron hicieron silencio y tus familiares y amigos callamos para oír la canción que marcaba para siempre un antes y un después en nuestras vidas.
El 12 de Diciembre quedará ya marcado como el día más frío del año, y aunque nos abrazamos fuerte para recordarte, nunca se llenará tu espacio.
Mabel nació un 28 de Mayo de 1979 en Barcelona, donde viviría siempre y de donde no podía concebir la idea de separarse o vivir alejada de ella, le encantaba su ciudad, las calles animadas llenas de gente y tiendas, por eso eligió el barrio de Horta, no lejos de donde se crió y con el espíritu que ella siempre buscó.
Sus padres, Jose Luís y Olga la cuidaron y mimaron y aunque fue hija única siempre tuvo a sus dos “hermanas” junto a ella, las tres juntas para siempre, cuidando siempre las unas de las otras.

Sus padres le dieron una buena educación que ella supo aprovechar siendo siempre de las más aplicadas. En los colegios en que estuvo supo sacar lo mejor de cada uno, tanto en educación como en las amistades que iría creando y que la acompañarían el resto de su vida.
Más tarde, en la universidad, Mabel siguió con el mismo entusiasmo estudiando la carrera de Ingeniería Química, que le permitió, prácticamente al acabar, entrar a trabajar en uno de las farmacéuticas más prestigiosas dirigiendo un equipo de laboratorio. Su trabajo la emocionaba y siempre se mantuvo al pie del cañón, incluso en los tiempos más difíciles.
Pronto conoció al que después de un largo noviazgo se convertiría en su marido. Los fines de semana compartidos en Vallirana, donde la juventud te da permiso para no dormir, noches de baile y conversaciones hasta la madrugada en casa de tus amigos, le hicieron acercarse al que sería el amor de su vida.
Con él compartió los grandes momentos que vinieron en su vida, la emoción del primer piso, la alegría de las cosas pequeñas pero que marcan el principio de una vida común, una historia que comienza. Juntos hicieron de un bonito piso, un hogar.
Su boda fue el sueño echo realidad, como una princesa y radiante dio el si quiero en un entorno maravilloso en medio de bosques, convirtiendo un día de septiembre en una fiesta donde hicieron participar a todos de su amor entre ellos y hacia los asistentes.
El viaje de novios fue el viaje de su vida, tan deseado y ansiado que se emocionaba sólo de hablar de él. El viaje a Argentina la llenó de felicidad, su gran aventura, conocer los glaciares y ver de cerca las ballenas, hizo a pesar de la espera, llegar a ella la ansiada sensación de libertad que la enfermedad intentó quitar.
El gran sueño de Mabel era ser madre, y ello salía a la luz cuando estaba cerca de sus sobrinos que la querían y preferían inocentemente, sólo porque ella era tremendamente especial y ellos, se daban cuenta.
En sus planes estaba el poder adoptar, dar a un niño “chinito o negrito” como decía ella, la familia que necesitaba, completando así el hogar que ella siempre había imaginado.
Mabel era callada y reservada, pero podía con una sola frase hacerte reír durante horas. Completamente sincera, nunca decía nada por compromiso, sus palabras a aconsejaban casi siempre con acierto, pero si algo puede definir a Mabel era su capacidad de superación, su actitud positiva y la constancia de su lucha.
Mabel nunca se dejó rendir, tubo bajadas y subidas pero se aferró a la vida y nunca dio nada por perdido, dejando incluso que nos apoyáramos en ella en los momentos en que era ella la necesitada de ello y eso es, lo que llevaremos siempre en el corazón.
Te echo de menos